Comentario
¿Decirle NO a Trump, es decirle NO a Dios?
La influencia evangélica en la Casa Blanca
Trump es el resultado del Proyecto Nacionalista Cristiano que lleva décadas construyéndose, donde teleevangelistas y fundaciones conservadoras buscan crear a un líder elegido por Dios. Esta ideología es el motor del movimiento MAGA.
Lo novedoso de Estados Unidos fue separar la religión del poder político, pero desde hace décadas el Cristianismo se infiltró en discursos presidenciales, días de oración, fallos de la Corte Suprema, juramentos sobre la Biblia, sesiones legislativas, incluso en los billetes del dólar.
El Nacionalismo Cristiano sostiene que Estados Unidos tiene una misión divina y que fue fundado como una nación cristiana. Presidentes como Wilson, Truman, Reagan, Bush y Trump llegaron a declarar al país como una nación cristiana. Para sus seguidores, Estados Unidos es una tierra prometida, un mito que históricamente justificó la colonización y moldeó la historia del país.
Del éxodo al destino manifiesto de la ciudad sobre la colina al nacionalismo MAGA. En el fondo, esto es una batalla por definir qué es Estados Unidos. Trump es solamente el síntoma de un proyecto largo y deliberado que estalló el 6 de enero de 2021. Ese día, el asalto al Capitolio mostró la cara religiosa más profunda del país. Banderas cristianas, una orca, círculos de oración y carteles llamando a una revolución cristiana. Nada de esto fue accidental. Las iglesias evangélicas y los telepredicadores han cumplido un rol central en la expansión del Nacionalismo Cristiano.
Fueron los teleevangelistas quienes en 1979 fundaron la llamada Mayoría Moral, que cumplió un rol central en la llegada de Regan. Este movimiento se oponía al feminismo, al aborto y a la liberación sexual. Mientras tanto, conservadores como la Fundación Heritage construían la columna vertebral intelectual del Nacionalismo Cristiano surgido en los años 70.
El dominionismo, palabra clave del Nacionalismo Cristiano, interpreta la Biblia como un mandato para que los cristianos gobiernen la nación. Hoy, impulsado por pastores con millones de seguidores, promueve el mandato de las siete montañas: gobierno, medios de comunicación, religión, negocios, educación, familia y entretenimiento que deben ser conquistados para imponer una autocracia global. Esta es la llamada Batalla cultural.
El Nacionalismo Cristiano hoy amenaza la democracia y los derechos civiles usando la religión para justificar violencia y concentración de poder. Hoy el Nacionalismo Cristiano funciona como una máquina de votantes, impulsando una cruzada moral que tilda de woke(*) todo lo que desafía a los ideales conservadores de los años 50.
El mundo MAGA está saturado de fanáticos religiosos, políticos mesiánicos y pastores que lucran con la fe y la esperanza de millones, alimentando un proyecto donde la devoción se convierte en poder y la fe se convierte en control.
(*) Para las personas "woke", se trata de una forma de protesta no violenta que permite empoderar a grupos históricamente marginalizados de la sociedad y corregir comportamientos, sobre todo de los sectores más privilegiados, que hasta ahora eran parte del “status quo” y permanecían sin castigo ni cambio.
Pero para los críticos es corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión y "los valores tradicionales estadounidenses".




