La UE y Mercosur firman por fin su acuerdo comercial tras 26 años: "Estamos creando un mercado de 700 millones de personas y el 20% del PIB mundial"

Milei promete una rápida ratificación parlamentaria del acuerdo y deseó que el Parlamento Europeo "haga lo propio a la mayor brevedad posible"

Sábado, 17 de enero de 2026

Mercosur

Momento de la firma del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur). El tratado se firmó en el Gran Teatro José Asunción Flores, en Asunción, Paraguay, sede emblemática donde en 1991 se selló la creación del Mercosur.

La alianza que parecía destinada a no llegar nunca es finalmente realidad: la Unión Europea (UE) y el Mercosur firmaron este sábado, 17 de enero de 2026, en Asunción, Paraguay, el acuerdo que crea la mayor área de libre comercio del mundo, todo un mensaje desde Europa y el Cono Sur en momentos en que el multilateralismo está en jaque.

"Estamos creando un mercado de 700 millones de personas y un PIB de casi el 20 por ciento del planeta, esto es fenomenal", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en un discurso en el que no ahorró emoción.

"Esto se negoció por más de 25 años, muchas manos intervinieron en este documento. Elegimos libre comercio sobre tarifas, una asociación de largo plazo sobre el aislamiento, y con beneficios reales y tangibles para nuestros ciudadanos y nuestras empresas", añadió.

"Cuando dos regiones como las nuestras hablan con una sola voz en el escenario mundial, el mundo escuchará", aseguró Von der Leyen, llevando el efecto del acuerdo más allá de lo económico. "Puede que este acuerdo llegue tarde, pero llega en el momento oportuno", destacó António Costa, presidente del Consejo Europeo.

La firma se celebró con la presencia del presidente anfitrión, Santiago Peña, a cargo del Mercosur en este semestre, el argentino Javier Milei y el uruguayo Yamandú Orsi. También asistió Rodrigo Paz, presidente de Bolivia, país al que solo le falta armonizar sus leyes para convertirse en el quinto miembro del bloque, y José Raúl Mulino, de Panamá, que negocia integrarse al Mercosur. Por Europa asistieron Von der Leyen, Costa y el comisario de Comercio, Maro Šefcovic, que firmó el acuerdo junto a los cancilleres.

No estuvo en cambio el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, líder de la izquierda continental, molesto con Milei y Peña, emblemas de la derecha. Pero Lula se dio el lujo de celebrar una "cumbre privada" el viernes en Río de Janeiro con Von der Leyen, y de enviar a ella y a Costa a Asunción en un avión del Gobierno brasileño junto al canciller Mauro Vieira.

"Lula está en otra Liga en la política mundial, no se va a dedicar a peleas en el Mercosur", argumentó a EL MUNDO una alta fuente de Itamaraty, la Cancillería brasileña. "Y el protocolo indicaba que hoy debían firmar los cancilleres, no los presidentes".

Peña no perdonó la ausencia, envió en su discurso de apertura un saludo a Lula, dijo estar seguro "de que lo está siguiendo por televisión" y calificó de "justicia poética" que el acuerdo se firmase en Asunción y no en Brasil, aunque luego elogió a Lula y lo calificó de "fundamental" para firmar el acuerdo.

El tratado, que reúne a los Estados del Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— con los 27 estados de la UE, creará una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con un mercado estimado en 720 millones de personas y un producto interno bruto conjunto superior a US$25 billones.

En diciembre de 2025, la firma prevista para la cumbre de Foz de Iguazú se postergó para enero por falta de mandato político dentro de la UE y por la presión de protestas agrícolas. Tal como reportó MercoPress, Ursula von der Leyen justificó el retraso señalando que necesitaban “unas semanas más” para resolver asuntos con Estados miembros, mientras António Costa minimizó el impacto del aplazamiento tras “un cuarto de siglo” de negociaciones.

El giro llegó el 9 de enero, cuando una mayoría cualificada de países de la UE aprobó avanzar, pese al rechazo de Francia y otros socios. Se reportó que el cambio de posición de Italia fue determinante, tras negociaciones que incluyeron un refuerzo de la Política Agrícola Común y “frenos de emergencia” para productos sensibles, en un contexto de protestas de agricultores —especialmente en Francia— contra el acuerdo.

Los gobiernos del bloque pasaron a una estrategia de “paciencia constructiva” ante los idas y vueltas europeos, y que Paraguay, al asumir la presidencia pro témpore, planteó una agenda 2026 centrada en reducir trabas y simplificar aduanas. En paralelo, el canciller uruguayo Mario Lubetkin calificó la luz verde europea como un avance “extraordinario”, al confirmarse la firma en Asunción.

Expectativas e implementación post-firma

Antes de la firma, el presidente uruguayo Yamandú Orsi señaló que uno de los objetivos de su reunión bilateral con la delegación europea será iniciar el diálogo sobre la futura “efectivización” del tratado, que incluye la ratificación parlamentaria de ambos lados del Atlántico y la definición de medidas de implementación una vez firmado. (según fuentes locales y diplomáticas uruguayas).

“El acuerdo de asociación representa una oportunidad para avanzar en comercio y cooperación”, comentó un diplomático presente en Asunción, enfatizando que las próximas semanas estarán marcadas por el análisis detallado de los textos y la planificación de la etapa posterior a la firma, tanto en términos económicos como reglamentarios. (comentario basado en seguimiento de agenda oficial)

Esta etapa incluirá debates internos en cada país miembro del Mercosur para evaluar impactos sectoriales y medidas paliativas para industrias sensibles, como la lechera o manufacturera, que ya expresaron inquietudes sobre la competencia que enfrentaría una vez eliminados aranceles. (según informes económicos regionales y fuentes gubernamentales)

Contexto global y geopolítico

El acuerdo llega en un contexto marcado por crecientes tensiones comerciales globales y presiones proteccionistas. Analistas citados por medios internacionales han señalado que la aprobación del Consejo de la UE el 9 de enero abrió el camino para que el pacto se firme ahora, aun cuando siga dependiendo de la ratificación del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales de los países involucrados.

Para la UE, el pacto también tiene una dimensión estratégica, al permitirle ampliar sus lazos comerciales con América Latina en un momento en que enfrenta desafíos geopolíticos como la competencia por materias primas y la necesidad de diversificar socios en un entorno económico global incierto.

El tratado prevé, además, mecanismos de salvaguardia para sectores sensibles, especialmente agrícolas, para responder a las preocupaciones de países europeos que se opusieron inicialmente al acuerdo, como Francia y Polonia, mientras Italia cambió su postura en las últimas semanas tras negociaciones sobre protecciones específicas.